Enfermedades más comunes

Infecciones Urinarias

La orina normal no contiene bacterias (gérmenes), pero las bacterias se encuentran normalmente cubriendo toda la piel y además se encuentran en gran número en las materias fecales y en el ano. En la mujer el orificio de la uretra esta a pocos centímetros del ano por lo que las bacterias tienen mas facilidad para penetrar en el aparato urinario, llegar a la vejiga y producir una infección e inflamación llamada cistitis (infección de la vejiga).

Si las bacterias suben hasta los riñones por los ureteres puede producirse una infección de los mismos llamada pielonefritis. La infección de los riñones es mucho menos frecuente pero más severa que la cistitis.

Cuando se produce una cistitis, el interior de la vejiga se vuelve rojo e irritado lo mismo que sucede con la garganta cuando usted tiene un constipado. La irritación de la vejiga puede causar dolor en el vientre y usted tendrá una necesidad urgente de ir a orinar, aunque solo pueda hacer unas pocas gotas que al salir le producen quemazón. La orina puede tener un olor desagradable y en ocasiones notará que tiene sangre (hematuria). También puede tener escape de orina.

La infección de los riñones (pielonefritis) produce dolor en la espalda y fiebre y si la infección no se trata rápidamente las bacterias pueden pasar a la sangre y causar una infección muy severa que puede ser mortal y que se llama sepsis. Para el control y tratamiento correcto de un paciente con sepsis se debe ingresar en una unidad de cuidados intensivos.

En los niños, los síntomas de infección puede que no sean tan claros como en los adultos y en ocasiones sólo se manifiestan por irritabilidad, pérdida de apetito, fiebre o solamente presentar un aspecto de enfermo.

Ante cualquiera de los síntomas mencionados se debería consultar a su médico de cabecera quien si lo considera oportuno lo enviará a un urólogo. El médico solicitará un análisis de orina (observación de la orina con un microscópio) para determinar la presencia de bacterias y/o pus. Se realizará además un cultivo de la orina que identificará la bacteria causante y ayudará al médico a elegir el antibiótico más correcto para el tratamiento.

La duración del tratamiento dependerá del tipo de infección y de la importancia de la misma. Si la infección es una cistitis muy probablemente con 2-3 días de tratamiento con antibióticos por boca serán suficientes, mientras que si se trata de una pielonefritis o prostatitis el paciente debe ser ingresado durante 2-3 días para administrar los antibioticos directamente en una vena y continuar luego de ser dado de alta con antibióticos por vía oral durante unas 3 semanas para asegurarnos que los gérmenes han sido eliminados del riñón (pielonefritis) o de la próstata (prostatitis). 

Pese a la realización de un tratamiento correcto, la desaparición de todos los síntomas de infección puede tardar varios días. Es muy importante tomar los antibióticos durante el tiempo indicado por su medico y no suspenderlo en cuanto han desaparecido las molestias que tenía.

Si las infecciones de orina se repiten frecuentemente (más de 2 por año) se debería realizar pruebas para diagnosticar enfermedades que favorezcan la aparición de complicaciones.

Los niños tienen un riesgo muy elevado de presentar daño en los riñones por las infecciones de orina, lo que puede llevar a un daño irreparable en la función del riñón que obligue a díalisis y trasplante de riñón. Las mujeres embarazadas son otro grupo que tiene mucho riesgo por el posible daño en los riñones de la madre y en la salud del bebé.

¿Qué puede hacer usted para reducir el riesgo de presentar una infección del riñón?

  • NO retrasar la micción cuando tenga ganas de orinar.
  • NO tenga prisas y tómese el tiempo necesario para vaciar completamente la vejiga. 
  • Beba abundantes líquidos todos los días. 
  • Acostúmbrese a ir a orinar después de haber realizado el acto sexual. 
  • Consulte a su médico ante la primera molestia que tenga al orinar. 

Los síntomas de una infección urinaria pueden ser similares a los de otras enfermedades del aparato urinario. Si en el análisis de orina su médico no encuentra una infección debería consultar a un urólogo para que realice otras pruebas que sirvan para diagnosticar otras enfermedades.

Infecciones de la orina en adultos

Las infecciones de orina son muy frecuentes, solo son superadas por las infecciones respiratorias. Las mujeres son afectadas más frecuentemente que los varones y una de cada 5 mujeres tendrán al menos una infección de orina en algún momento de su vida.

La orina normal es estéril, lo que quiere decir que normalmente no existen gérmenes. Generalmente, las infecciones de orina están producidas por gérmenes que se encuentran en el intestino grueso y el más frecuente se llama Escherichia Coli. 

El conducto de la orina (uretra) se encuentra en la mujer a pocos centímetros del ano y se piensa que los gérmenes se desplazan desde el ano hasta la uretra y por ella suben hasta la vejiga para producir una infección llamada cistitis Si la infección no se trata rápidamente puede subir por el uréter hasta el riñón y producir una pielonefritis.

Factores que predisponen a desarrollar una infección de orina

Cualquier anormalidad del aparato urinario que obstruya el paso de la orina puede producir una infección de orina como por ejemplo una próstata grande o una piedra. Una causa frecuente de infección de orina es la presencia de sondas o catéteres. Aunque la sonda se coloque con las máximas precauciones, la infección ya aparece a los pocos días después. 

Las persona con diabetes también tienen mayor riesgo de presentar una infección de orina. Lo mismo sucede con las personas ancianas o debilitadas ya que sus defensas están más bajas. Las infecciones de orina son poco frecuentes en niños y jóvenes. Las mujeres que utilizan diafragmas desarrollan mas infecciones que las que utilizan otros métodos anticonceptivos.

Síntomas de las infecciones de orina

La mayoría de las personas tienen síntomas, aunque en algunos casos no se observan. Los más comunes son: necesidad urgente de orinar, orinar muy seguido, dolor o quemazón al orinar, dolor o presión en el bajo vientre, orinar muy poco y quedar con ganas de seguir orinando, cansancio, decaimiento, orina turbia o rosada. Si hay fiebre se considera que es una infección de orina que compromete el riñón en las mujeres o el riñón o la próstata en los varones. Si hay infección del riñón (pielonefritis aguda) hay dolor en la espalda y a veces náuseas y vómitos.

¿Cómo se diagnostican?

El primer y más importante examen es un análisis de la orina para confirmar que hay glóbulos rojos, blancos y gérmenes. Además se realizará un cultivo de la orina para conocer si los gérmenes se multiplican y si responden a los antibióticos. Se realizará además una radiografía simple para ver si hay piedras y una ecografía de los riñones para diagnosticar dilataciones de los conductos (hidronefrosis). 

Si hay dilatación seguramente su urólogo realizará una urografía endovenosa para identificar el sitio de la obstrucción. Otro examen que se puede realizar si se han repetido muchas infecciones de orina es una cistoscópia (pasar un tubo con una luz a la vejiga que permite mirar en su interior con una lente).

¿Cómo se tratan?

El tratamiento es con antibióticos durante 4-5 días si es una infección simple y de 2-3 semanas si la infección es del riñón (pielonefritis aguda) o de la próstata (prostatitis aguda). El cultivo de la orina identificará el gérmen causante de la infección y el antibiograma indicará cuál es el antibiótico mas apropiado.

Infecciones de la orina en la infancia

Se estima que aproximadamente el 3% de niñas y el 1% de niños han sufrido una infección del tramo urinario (ITU) antes de los 11 años. Algunos investigadores creen que esta estimación es baja, ya que probablemente muchas ITUs pasan inadvertidas. Los síntomas no son siempre específicos para los padres, y los niños cuando son muy pequeños son incapaces de describir lo que realmente sienten.

Reconocer y tratar una infección urinaria es importante. Las infecciones urinarias no tratadas correctamente pueden causar serios problemas a nivel renal pudiendo dañarlos de forma permante para toda la vida del niño.

¿Cómo funciona normalmente el sistema urinario?

El sistema urinario esta compuesto por los riñones, ureteres, vejiga y uretra.

Los riñones filtran y extraen de la sangre circulante todos los residuos y agua para producir orina. Producen aproximadamente entre 1 – 1,5 litros de orina por día en un adulto, este valor es menor en niños dependiendo de la edad del niño. La orina viaja desde los riñones (donde se forma) a través de 2 estrechos

Tubos llamados ureteres, estos tubos terminan en la vejiga, órgano que sirve de reservorio donde se guardará hasta que pueda ser expulsada hacia el exterior del cuerpo a través de la uretra, otro tubo que se ubica en la parte más baja de la vejiga y que termina en el final del pene en el varón y en la parte frontal de la vagina en la niña.

¿Cómo puede llegar a infectarse el sistema urinario?

La orina normalmente no contiene bacterias. Las bacterias pueden llegar desde la piel alrededor de la región perineal (anal) o genital y viajar a través de la uretra hasta la vejiga. Cuando esto pasa las bacterias pueden infectar e inflamar la vejiga, causando dolor en la región inferior del abdomen, escozor al orinar produciendo lo que se denomina "cistitis".

Si la bacteria sube a través de los ureteres hasta los riñones se puede desarrollar una infección a este nivel. Este tipo de infección habitualmente va acompañado de dolor lumbar (lado afectado) y fiebre. Las infecciones a nivel renal son mucho más serias que las que se producen en la vejiga.

En algunos niños las infecciones urinarias pueden alertarnos sobre alguna aleración del sistema urinario. Por esta razón cuando se diagnostica una infección urinaria a menudo es recomendable realizar algunos estudios complementarios. En otros casos, pueden desarrollar infecciones urinarias por que son más susceptibles para tener infecciones, por ejemplo, hay niños con facilidad para desarrollar resfriados, infecciones de oídos etc.

¿Cuáles son los síntomas de las infecciones urinarias?

Si el niño es un lactante o tiene pocos años de edad, los síntomas pueden ser poco claros, además es difícil de saber ya que el niño no puede decir como lo que siente. Puede tener fiebre alta, irritabilidad y pérdida de apetito.

Algunas veces puede tener fiebre no muy alta, nauseas y vómitos, o solamente no sentirse bien. La orina del pañal puede oler manera diferente. Si aparece fiebre alta sin síntomas de resfriado o alguna otra causa evidente que la justifique, puede ser necesario que se realice un análisis de orina para descartar esta causa.

En niños mayores con irritación de la vejiga, pueden quejarse de dolor en el abdomen inferior o área pélvica y es probable que tenga que orinar con mucha frecuencia. Si el riñón es el infectado puede tener dolor en el flanco, debajo de las costillas o en la parte baja de la espalda, también por debajo de las costillas. Otros síntomas son dolor al orinar o tener muchas ganas de orinar y solo hacer algunas gotas, dificultad en controlar las micciones, e incluso se pueden escapar algunas gotas de orina en la ropa interior o en la cama. La orina puede tener aspecto turbio y oler de forma diferente.

¿Cómo saber si su hijo tiene una infección de orina?

Para poder saber si hay una infección urinaria es necesario realizar un análisis de orina.

La forma en que se debe recoger orina para su análisis depende de la edad del niño. Si es un lactante o aún no controla la micción, se utiliza una pequeña bolsa plástica que se coloca en la zona genital del niño que se adhiere a la piel por un adhesivo que viene incorporado a la bolsa. Si el niño es mayor se le hace orinar dentro de un pequeño recipiente en general de plástico o vidrio. Es necesario que la muestra de orina se obtenga correctamente para evitar que bacterias provenientes de la piel o zona perianal puedan dar resultados equivocados. También la orina puede obtenerse directamente desde la vejiga utilizando un pequeño tubo denominado catéter o sonda vesical. Otras veces la mejor forma de obtener la orina es mediante una punción directa vesical con una pequeña aguja, a nivel del abdomen inferior(suprapúbica) par estar seguro que la orina recogida es pura.

Una vez obtenida la orina debe ser examinada al microscopio para ver si hay o no-infección. Se pueden ver bacterias y a veces también puede haber algo de pus. Si en un primer momento no se puede identificar, se coloca una muestra de orina en un pequeño plato de vidrio que contiene una substancia que favorece el crecimiento bacteriano. . Esto permite identificar la o las bacterias causantes de proceso y además permite valorar cual es la medicación más efectiva para ese germen. Este procedimiento se denomina cultivo y puede tardar 24-48 HS, o más.

¿Cómo se tratan las infecciones urinarias?

Las infecciones urinariarias se tratan con antibióticos. Luego de obtenida la muestra para el análisis de orina se puede iniciar el tratamiento, pudiendo cambiarlo de3pendiendo del cultivo definitivo.

El tipo de antibióticos, la vía de administración y el número de días del tratamiento depende, en parte, del tipo de infección y la severidad de la misma. Cuando el niño se encuentra con estado nauseoso o con mucha fiebre es recomendable iniciar el tratamiento por vía intravenosa, es decir por un pequeño catéter a nivel del brazo o la mano. Si el niño esta en buenas condiciones y puede ingerir sin problemas líquidos y alimentos, la vía de administración entonces será oral (por la boca). El tiempo del tratamiento puede variar de 3 a 5 días, pero puede prolongarse incluso a varias semanas. La administración diaria depende del tipo y dosis del medicamento administrado.

Después de iniciado el tratamiento, el niño podría encontrarse mejor, pero deberán pasar varios días hasta que desaparezcan todos los síntomas. Se debe seguir la medicación todo el tiempo recomendado por el médico y suspenderla por que haya desaparecido la sintomatología, ya que la infección si no es completamente tratada puede volver y hacerse resistente a futuros tratamientos.

Los niños deben beber líquidos en cantidades necesarias, sin llegar a forzar su ingesta.

¿Qué estudios deben realizase después de la infección?

Una vez que la infección ha desaparecido puede ser necesario realizar estudios destinados a detectar alteraciones del sistema urinario. Infecciones repetidas en un sistema urinario con alteraciones puede causar con el tiempo daño renal. Puede ser necesario realizar más de un estudio ya que no existe un único estudio que diga todo a cerca del sistema urinario.

Estudios complementarios más frecuentes.

Ecografía renal y vesical:

Con este estudio se examina los riñones y la vejiga utilizando ultrasonidos. Es un método simple no invasivo y aporta información a cerca del tamaño, forma y características de los órganos explorados, puede descartar ciertos tipos de anomalías. Pero como todo estudio tiene sus limitaciones, no es capaz de demostrar todos los tipos de anomalías; tampoco puede valora el funcionamiento reno – vesical.

Cistouretrografía miccional seriada (CUMS):

Estudia la uretra y la vejiga mientras se llena y se vacía. El estudio consiste en pasar un pequeño catéter a través de la uretra, llenar la vejiga con un líquido que puede ser visto en las radiografías. Este estudio puede detectar anormalidades dentro de la uretra y la vejiga. También puede determinar la orina fluye con normalidad al salir de la vejiga.

Urografía intravenosa: 

Este estudio permite examinar todo el sistema urinario. Se inyecta un líquido por la vena (sustancia de contraste), y pasa a través del riñón, uréter, vejiga. Visualizando todo el árbol urinario.

Estudios isotópicos:

Son varios tipos diferentes de estudios, que permiten valorar la forma, cuantificar el funcionamiento, y si existe algún tipo de obstrucción de los riñones y de la vía urinaria. Como son varios tipos de estudios cada uno aporta una información diferente y a la vez complementaria. Este tipo de estudio tiene la ventaja de exponer menos al niño a la radiación que una radiografía convencional.

¿Qué tipos de anormalidades pueden favorecer problemas urinarios?

Muchos niños con infecciones urinarias tienen un aparato urinario absolutamente normal; pero aquellos que tienen una anomalía deben ser diagnosticados y tratados lo más rápido posible para proteger a los riñones del posible daño. Las anormalidades más frecuentes que pueden afectar la función de los riñones son:

Reflujo vésico-ureteral.

La orina normalmente fluye desde los riñones hacia abajo, pasando por los ureteres, hasta que se almacena en la vejiga, siguiendo una única dirección. Cuando existe este problema, la orina que esta en la vejiga vuelve en forma retrógrada hacia los ureteres y los riñones. Esta anormalidad es común en los niños con infecciones urinarias.

Obstrucción urinaria:

La obstrucción al paso de la orina puede ocurrir en muchos sitios del aparato urinario. Esta obstrucción se produce, habitualmente si el uréter o la uretra son muy estrechas o si existe alguna litiasis (piedra) en la salida del riñón. Ocasionalmente el uréter puede unirse al riñón o la vejiga en un lugar que no es el adecuado, produciendo una alteración en el flujo normal de la orina.

¿Las infecciones urinarias pueden tener consecuencias no deseadas a largo plazo?

Los niños pequeños tienen mayor riesgo de sufrir daño renal como consecuencia de infecciones urinarias, especialmente si existe alguna anormalidad del sistema urinario no conocida. Este daño incluye cicatrices, déficit en el crecimiento y función renal, hipertensión arterial y otros problemas. Por esto es muy importante que un niño con una infección urinaria reciba un tratamiento adecuado y precoz y además se realice una cuidadosa evaluación.

Algunos puntos a recordar...

  • Las infecciones urinarias afectan aproximadamente al 3% de las niñas y al 1% de los niños antes de los 11años.
  • Una infección urinaria en un niño puede ser un signo de que existe una anormalidad en el aparato urinario; y que si no se diagnostica podría causar problemas.
  • Los síntomas de una infección urinaria van desde leve disconfor al orinar o cambios mínimos en el olor de la orina, hasta dolor importante y fiebre alta.
  • Si no se tratan, las infecciones pueden producir serias consecuencias sobre el riñón.
  • Si usted sospecha que su hijo puede tener una infección de orina, no deje de consultar con su pediatra.

Infecciones de la orina de repetición en las mujeres

Es muy probable que las mujeres que han tenido mas de 3 infecciones de orina, tengan más. De ellas, cuatro de cada cinco, presentarán otra infección en los próximos 18 meses y muchas la tendrán aun más a menudo. 

Si una mujer tiene 3 o más infecciones en un año, debería consultar a un urólogo para que realice pruebas que intenten demostrar cual es la causa que produce estas infecciones tan frecuentes. El urólogo solicitará un análisis de orina, una radiografía simple y una ecografía de los riñones y de la vejiga.

Si estas pruebas son normales probablemente solicite pruebas más complejas como mirar la vejiga por dentro con una lente y una luz (cistoscopia). Además solicitará un cultivo de la secreción vaginal con la intención de encontrar gérmenes almacenados en la vagina que no den manifestaciones genitales pero que pueden subir a la vejiga y contaminar la orina. Si se encuentran gérmenes en la vagina se aplicarán óvulos de antibióticos directamente en la vagina y antibióticos por boca.

Para evitar que se repitan las infecciones de orina, el urólogo utilizará uno de los siguientes tratamientos:

Antibióticos de acción sobre muchos gérmenes, a dosis bajas y durante varios meses (6 o más meses) una vez por noche (antes de acostarse).

Una sola dosis de antibióticos cada vez que mantenga una relación sexual (dosis post-coital).

Antibióticos durante 1-2 días cuando se presenten los síntomas.

Recomendaciones para que no aparezcan infecciones frecuentes:

Beber mucho líquido durante todo el día.

Orinar cuando se tenga necesidad. No retener la orina.

Limpiarse de adelante hacia atrás al higienizarse par evitar que los microbios del ano lleguen hasta la uretra.

Ducharse en vez de bañarse.

Higienizarse los genitales antes de mantener relaciones sexuales.

Evitar los sprays íntimos ya que pueden irritar la uretra.

Pielonefritis aguda

La pielonefritis aguda es una infección del riñón generalmente producida por gérmenes que suben desde la vejiga. Es muy importante determinar si es una pielonefritis obstructiva ya que en éste caso, no solo se deberán utilizar antibióticos sino que para solucionarla se debe tratar la obstrucción colocando un catéter en el uréter o a través del riñón (nefrostomía percutánea). La presencia de un obstáculo en el uréter, implica que por encima de él, se produzca una retención de la orina, con aumento de la presión, lo que favorecerá la entrada de los gérmenes en el riñón.

La mayoría de las veces la obstrucción es producida por una piedra en el uréter, pero también puede ser producida por causas menos frecuentes como tumores o compresiones externas. Si la obstrucción es aguda se produce un espasmo en todas las arterias del riñón, dificultando así la entrada de los antibióticos a la zona. De ahí el riesgo de absceso del riñón o incluso entrada de los gérmenes a la sangre y localización otros órganos (sepsis). El agente causal más frecuente es un bacilo gram negativo (Escherichia coli).

Existen factores que pueden agravar una pielonefritis aguda como son la diabetes y la insuficiencia renal.

Los síntomas más frecuentes son: dolor en la espalda, fiebre alta, escalofríos, orina turbia, dolor o quemazón al orinar u orinar muy frecuentemente.

Generalmente un paciente con pielonefritis aguda, necesita ser ingresado en un hospital para poder administrar antibióticos directamente en la vena. Además de un análisis de orina para confirmar la infección, se realizará una ecografía para ver si existe obstrucción y dilatación de los conductos (hidronefrosis). Si la fiebre es muy alta, se solicitarán cultivos de la sangre para saber si los gérmenes han pasado a ella (bacteriemia) lo que puede llevar a la aparición de sepsis. Si la infección no se trata o se trata insuficientemente, se puede producir una pielonefritis crónica, con la aparición de cicatrices y de daño definitivo de la función de ese riñón.

Epididimitis aguda

El epidídimo es un conducto (tubo) que se encuentra pegado al testículo cuya función es el transporte, almacenamiento y maduración de los espermatozoides producidos por los tubos seminíferos del testículo. El epidídimo se continúa con el deferente que transporta los espermatozoides hasta las vesículas seminales.

La epididimitis es la inflamación del epidídimo y generalmente está producida por una infección de la orina. Cuando un varón adulto presenta dolor e inflamación de un testículo, lo más probable es que tenga una epididimitis. Si ésta dura más de 6 semanas se considera que es crónica.

Si la infección es severa y se pasa al testículo se dice que es una orquiepididimitis. Muchas veces el paciente tiene fiebre y raramente se puede producir un absceso (acúmulo de pus). Los gérmenes que producen la epididimitis son generalmente los mismos que producen las infecciones de orina. Una causa poco frecuente de epididimitis es la gonorrea.

El tratamiento de la epididimitis se basa en antibióticos, reposos, suspensorio escrotal, antiinflamatorios orales y bolsa de hielo. Aunque la inflamación se hace en pocas horas, tarda varios días e incluso semanas en desaparecer.

Prostatitis

La prostatitis es la inflamación de la próstata. Esta es una glándula que tiene solo el hombre y que se encuentra por delante del recto (parte final del tubo digestivo) y justo debajo de la vejiga (donde se almacena la orina). La próstata normal es del tamaño de una nuez y su peso es de 20 gramos. Por el interior de esta glándula pasa la uretra (tubo que lleva la orina desde la vejiga hasta la punta del pene). 

La próstata está formada por pequeños conductos y por músculo. Su función es producir unos líquidos que se unen al semen (líquido que transporta los espermatozoides producidos en el testículo). Durante el orgasmo (parte final del acto sexual) los músculos de la próstata expulsan liquido prostático a la uretra para que unido al semen salga al exterior durante la eyaculación.

Existen tres tipos de prostatitis:

1) Prostatitis aguda. Es producida por bacterias y como lo indica su nombre aparece bruscamente y se manifiesta por fiebre, escalofríos, dificultad y dolor al orinar. Es un cuadro severo que requiere el ingreso inmediato para inyectar antibióticos directamente en una vena.

2) Prostatitis crónica. También es producida por bacterias pero no se presenta bruscamente y los síntomas son menos intensos caracterizados por molestias debajo de los testículos o debajo del ombligo. Se asocia con infecciones de orina repetidas. El paciente no debe ser ingresado. Se trata con antibióticos por boca.

3) Prostatitis no infecciosa (prostatodinia). No s causada por bacterias y su causa es desconocida. Los antibióticos no son efectivos.

La prostatitis no es contagiosa y no es considerada como enfermedad de transmisión sexual.

No se conoce con certeza cuál es la causa por la que se produce la prostatitis. Las bacterias pueden ascender desde el exterior a través de las paredes de la uretra e infectar el tejido de la próstata. Existen ciertas condiciones o procedimientos que aumentan el riesgo de contraer una prostatitis:

a) Colocación recientemente de algún instrumento por la uretra (sonda, cistoscopio, etc).

b) Realizar relaciones sexuales por vía anal.

c) Tener alguna anormalidad en el aparato urinario.

d) Haber tenido recientemente una infección de orina.

e) Tener la próstata grande (hiperplasia benigna de próstata).

Los síntomas de prostatitis dependerán del tipo de enfermedad que usted presente. Puede no sentir nada o presentar síntomas tan bruscos y severos que lo obliguen a acudir a un servicio de urgencia. Cuando hay síntomas, pueden ser cualquiera de los siguientes: fiebre, escalofríos (tiritonas), orinar muy frecuentemente durante el día o la noche, dificultad para orinar, quemazón al pasar la orina, dolor entre los testículos y el ano (periné), sangre en la orina (hematuria) o dolor durante la eyaculación.

Los síntomas de prostastitis pueden simular los síntomas presentados por otras enfermedades de la próstata como la hiperplasia benigna de próstata o la uretritis (inflamación e infección de la uretra).

Para facilitar el diagnóstico de prostatitis el médico le realizará un tacto rectal (poner un dedo en el recto para informarse sobre el tamaño de la próstata, la consistencia, la presencia de dolor, nódulos duros sospechosos de tumor, inflamación o acúmulos de pus). Si su médico sospecha que usted tenga una prostatitis lo enviará a un urólogo para que confirme el diagnóstico.

Cuando se sospecha una prostatitis se debe realizar un masaje de la próstata para recoger líquido producido en la glándula y estudiarlo con el microscópio para encontrar bacterias o leucocitos (signo indirecto de la presencia de infección)

El tratamiento es diferente según el tipo de prostatitis que usted presente. Si usted tiene una prostatitis aguda seguramente necesitará ser ingresado para administrarle antibióticos directamente en una vena durante 2 o 3 días y al ser dado de alta deberá continuar con antibióticos por boca durante 2-3 semanas.

La prostatitis crónica necesitará antibióticos por un plazo de tiempo mas prolongado y que oscila entre 4 y 12 semanas con lo que se consigue la desaparición del cuadro en aproximadamente el 60% de los casos. Para los casos que no responden a este tratamiento se necesitará tratamiento a bajas dosis durante mas tiempo.

Si usted presenta una prostatodinia, no necesita recibir antibióticos y según los síntomas que presente necesitará otros medicamentos como pueden ser los alfa bloqueantes (sustancias que relajan el músculo que se encuentra en la próstata por lo que se reduce la dificultad para orinar). Los baños de asiento y la dieta puede ayudarlo a mejorar sus síntomas.

Aunque la prostatitis no favorece la aparición de cáncer, recuerde que después de los 50 años de edad usted debe ser controlado anualmente por un urólogo para detectar precozmente la aparición de un cáncer de próstata. En caso de que usted tenga familiares que hayan presentado un cáncer de próstata (padre, hermanos, abuelo, tíos) el control debe comenzar a los 40 años de edad tal como lo recomienda la Sociedad Norteamericana del Cáncer.