El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en los hombres, pero debemos conocerlo mejor. Durante años, escuchar ese diagnóstico ha generado miedo —a veces innecesario—, ya que no todos los casos son iguales ni mucho menos urgentes.
Hoy sabemos que muchos cánceres de próstata crecen tan lentamente que nunca darán problemas, mientras que otros sí requieren un tratamiento precoz.
La clave está en saber distinguirlos, y en ese punto la medicina y la tecnología están avanzando juntas.
El análisis de PSA en sangre ha salvado muchas vidas, pero también ha generado confusión. Un PSA elevado no significa necesariamente cáncer, ni un PSA normal lo descarta por completo.
Durante años, un resultado alto llevaba casi automáticamente a una biopsia y, en ocasiones, a tratamientos que luego se demostraban innecesarios.
Hoy el enfoque es más prudente: el PSA es una señal de alerta, no una condena.
Algunos tumores de próstata son indolentes: crecen tan despacio que el paciente puede convivir con ellos sin tratamiento, bajo vigilancia médica. Otros, en cambio, son agresivos y requieren actuar con rapidez.
El problema siempre ha sido el mismo: cómo saber cuál es cuál sin someter al paciente a pruebas invasivas o tratamientos excesivos.
La resonancia magnética multiparamétrica ha supuesto un gran avance. Permite “ver” la próstata con mucho más detalle y localizar lesiones sospechosas antes de decidir una biopsia.
La inteligencia artificial puede:
El resultado es doblemente positivo: se detectan mejor los cánceres peligrosos y se evitan biopsias innecesarias.
Uno de los grandes temores asociados al cáncer de próstata son las secuelas: incontinencia urinaria o disfunción eréctil. Reducir tratamientos innecesarios significa reducir también estos efectos secundarios.
La inteligencia artificial ayuda a seleccionar mejor a los pacientes que realmente se beneficiarán de cirugía o radioterapia, y a identificar a quienes pueden optar por vigilancia activa, con controles periódicos y sin tratamiento inmediato.
Conviene subrayarlo: la inteligencia artificial no decide por sí sola. Es una herramienta que ayuda al urólogo a integrar datos (PSA, resonancia, biopsia, edad, antecedentes) y a tomar decisiones más informadas.
El diagnóstico y el tratamiento siguen siendo un acto médico, basado en la experiencia, el diálogo con el paciente y el juicio clínico.
A partir de los 50 años —antes si existen antecedentes familiares— conviene hablar de la próstata con naturalidad. Consultar no significa tratar, y detectar no significa operar.
La medicina actual busca algo más sensato: tratar solo cuando es necesario y hacerlo mejor.
Si necesita más información:
Hospital Vithas Medimar
Dr. Bartolomé Lloret — Departamento de Urología
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